Y, haciendo un azote de cordeles…

Este trabajo muestra la experiencia pastoral y educativa desarrollada a lo largo de todo un curso con alumnos de 6º de primaria, elegidos a sabiendas de que se enfrentan a un momento emocionalmente cargado, ante el que a menudo se encuentran desconcertados y toman decisiones en función de sus “sentimientos”.

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Nuestro proyecto busca ayudar a equilibrar la ancestral batalla entre intelecto y emoción de la mano del mejor “coach” posible, el maestro de las emociones humanas que desde su naturaleza divina, se hizo hombre y como tal; Jesús se enfada, llora, siente ternura, se conmueve, siente miedo, angustia, alegría, amor…
La heterogeneidad de las actividades y de los pasajes bíblicos seleccionados pretenden actuar como una carta de navegación para guiar a nuestros alumnos a través del vasto océano emocional que deberán afrontar.
Desde el punto de vista pedagógico, esta intervención educativa pretende facilitar el desarrollo de actividades que provoquen en nuestros alumnos una predisposición positiva hacia el aprendizaje. Nuestros alumnos deben entender que cada día que estrenamos es como un frasco vacío. Podemos elegir llenarlo con actitudes positivas: amor, alegría, fidelidad, agradecimiento, servicio a Dios y a los hermanos…o con el veneno de la ira, el rencor, la indiferencia, el pesimismo… la elección es siempre nuestra.
La elección de las emociones que hemos trabajado se realizó en base a que son las que nuestros alumnos tienen más a flor de piel, dado su desarrollo psico-evolutivo y porque son emociones muy significativas en la vida de Jesús de Nazaret, que nos permitiran recorrer diferentes momentos de su vida.
Es importante trabajarlas e intentar “positivizar” aquellas que si llegaran a enquistarse, podrían ser perjudiciales para el desarrollo de nuestros alumnos. Es fundamental dotar a nuestros alumnos de esos 3 o 4 segundos extra de reflexión que permitan conocer y controlar ese torrente emocional que puede derivar en un enfado, una discusión o en consecuencias mucho más graves. Hacerles entender que no se trata de anularlas, sino de controlarlas, canalizarlas y transformarlas en positivas. El miedo puede ser muy útil como mecanismo de defensa, pero un miedo irracional a hablar en público puede lastrar a un alumno/a brillante.
El producto final de nuestro proyecto, este “emotionbook” pretende ser un diario del viaje de nuestros alumnos por el mundo emocional, donde puedan evaluar y reflexionar sobre aquellas emociones que sintieron más profundamente y compararlas con la forma en la que Jesús las gestionó.
Desde nuestro departamento de pastoral, estamos convencidos de que la implantación de pequeños proyectos como este en las escuelas católicas donde el desarrollo de la inteligencia emocional en las aulas adquiere una significación aun mayor, dotará a nuestros alumnos de habilidades especiales para afrontar el contexto socio-cultural que les ha tocado vivir.

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